DAL Comunicación

Pareja – complemento el desafío de ser, con otro

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

La
pregunta que me hacen generalmente es: “tengo
problemas de pareja, ¿cuál es el signo ideal, para
mí?” y sino “¿cómo se llevan tal y tal?” o “¿qué signo
me conviene para tener una buena pareja”?

Me resisto a contestar esta pregunta, dado que la
contestación convencional de “tal se lleva bien con
cual”, aleja a la Astrología de su esencia. No hay
fórmulas. El conocimiento astrológico, nos habla de
totalidades. Al ser un lenguaje sagrado, que se maneja
con el hemisferio derecho, se expresa de manera total.

Al decir que un signo, se lleva bien con otro o no,
estamos desconociendo la multiplicidad de facetas que
tiene un ser. El asomarnos a esa multiplicidad, nos
dará la oportunidad de conectarnos con su maravilla.

Pareja, proviene de pares; corresponde a dos seres que
tienen los mismos derechos y que se unen para
compartir la vida, las diversiones, el hogar, algunos
bienes, las responsabilidades que competen a lo
relativo a su unión, el sexo y los hijos, y también
los problemas, dificultades e incertidumbres. En las
demás cosas, que son propias de cada uno, deberían
tener libertad para seguirlas haciendo, con el
beneplácito o no, del otro. En lo que es personal,
cada uno debería poder tomar sus propias decisiones,
desde un lugar de libertad y confianza. Hablo siempre
de todo aquello que esté en orden con la ley. La Ley
Cósmica, por supuesto.

Es nuestra
principal responsabilidad y fidelidad. Los seres
humanos, hombres y mujeres, debemos poner en primer
lugar a la pareja, que es nuestra gran elección, y
desde ahí compartir la ayuda y provisión a los hijos.
Esos seres que nos eligen para “encarnar”. Tomar
carne. Pues es la única manera en que el alma puede
acceder a vivir en este planeta, que es, por ahora, de
tercera dimensión y que está “en el tránsito” a cuarta
y quinta.

La palabra
fidelidad, tan requerida, nombrada y vapuleada con
respecto a la pareja, proviene de “fides”, que
significa fe. Fe en mí, por supuesto, en mi elección,
a la que llegué, luego de mirar largamente a los ojos,
a la persona elegida. Y esto no es por romanticismo.
Los ojos no mienten, los ojos expresan desde el
interior. Los ojos dicen lo que las palabras no.

Hemos perdido
el contacto esencial con la mirada.

La mirada
expresa lo mejor y lo peor nuestro, y como vivimos
mostrando la máscara del “ser perfecto”, según
requerimiento del sistema que ya está adentro nuestro,
y sabemos que tenemos todo tipo de sentimientos
negativos y positivos… pero muy tapados, rehuímos la
mirada, pues los primeros en no creer en lo que
expresamos somos nosotros. Sin darnos cuenta, por
supuesto, que no somos lo que decimos, sino lo que
emanamos.

En realidad
“la pareja” es una conquista. Si partimos de la base
que todo es energía, cuando alguien nos atrae, es
desde algún lugar que en nosotros vibra. Y deberemos
descubrirlo. Sentirlo. Y dejar de perseguir las
imágenes ideales, que generalmente, responden a la
vanidad, madre de todos nuestros desencuentros
internos, o de la cabeza, alimentada por nuestra
memoria celular, en la cual se hallan las voces de
nuestros ancestros.

Esta vibración
puede corresponder a que ese ser cumple con las
expectativas de lo que yo quiero, si tengo bastante
conocimiento de mi y emano desde mi centro interno, o
responde a la memoria celular en mí, por lo tanto
puedo llegar a repetir historias mías o de alguno de
mis antepasados, pues no hice el trabajo de hacer el
cambio (de hacer elecciones sin miedo, sin culpa y sin
que sea lo que se espera de mi) o puede ser un
encuentro de otras vidas, y hay algo para resolver,
terminar, continuar o devolverse. Cualquiera sea el
motivo, si la atracción está, lo que me queda es ver
cómo me complemento con esa persona.

La primer
pregunta debería ser ¿para qué atraje esta persona a
mi vida? … y si se repite la relación, o el signo, o
la situación, la pregunta debería ser ¿qué cambio debo
hacer en mí, para dejar de atraer estas situaciones, o
personasí Cuando me convenzo que el único cambio que
puedo hacer es en mí, dejando de exigírselo a él o a
ella, automáticamente la relación cambia. Si me sigue
agradando o no, también es mi decisión.

Uno de los
análisis más importantes es observar su escala de
valores que puede ser parecida, igual u opuesta a la
nuestra. Y pensar que va a seguir siendo así, salvo
que decida cambiar. Por lo tanto, aceptar a ese ser
con todo lo bueno y lo no tan bueno, será uno de los
primeros y más importantes velos a descorrer. Y
también ser aceptados desde ese mismo lugar. Esto
conlleva inexorablemente a la libertad de expresarme
como realmente soy, con otro.

… y así
podemos ir caminando juntos por la vida, cada uno con
su maravilla, compartiendo, dando y recibiendo y
comprendiendo, por lo tanto aceptando y reconociendo
“quien soy” y “a quien” tengo al lado, porque nos
elegimos.

Y de esta
manera, calladamente, le estoy diciendo: Yo te
reconozco, te elegí para compartir momentos en mi
vida, te veo tal cual sos, te acepto, te valoro y te
necesito así, igual (porque tenés todo lo que yo
tengo) y diferente a mi (porque se da de otra forma).

Entonces,
reverenciamos al Universo en el otro. Y ahí… nos
complementamos.

Los presentes
tránsitos planetarios, nos llevan a redimensionar
nuestra visión de pareja, para dar lugar a lo que la
tradición astrológica resalta además: el complemento y
desde ahí, la consecución de la pareja sagrada.

Hasta el
próximo encuentro, Almas.


María Ester Abal Vella


www.mariaesterabalvella.com.ar

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