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Pigmalión y Galatea

Fecha de Publicación: 16 - 12 - 2005.


Pigmalión,
rey de Chipre, era también un hábil escultor. No gustaba de las mujeres
porque, según consideraba, eran imperfectas. Tan convencido estaba que
resolvió no casarse. Pero como no soportaba la completa soledad,
esculpió una estatua de marfil tan bella y perfecta como, creía,
ninguna mujer verdadera podría serlo. Trabajó mucho tiempo tallando su
figura hasta que se convirtió en la amada de su corazón, a tal punto
que hubiera entregado lo que fuese por darle vida, tal su belleza y
elegancia.

Cada día que pasaba perfeccionaba su escultura y soíaba con la
posibilidad de que cobrara vida. La llamó Galatea, la cubrió con
costosas telas, la adornó con bellos collares y piedras preciosas, pero
todo resultó inútil, la escultura… seguía siendo una escultura.
En una de las fiestas dedicada a la diosa del amor (Venus / Afrodita),
según cuenta el poeta Ovidio, Pigmalión estuvo presente ofreciendo
sacrificios y elevó al cielo sus ardorosas súplicas: “A vosotros! oh
dioses!, a quienes todo es posible os pido que me deis por esposa una
doncella que se parezca a mi virgen de marfil”.
En ese instante, como esperanzada señal ante sus pedidos, la llama del
templo se alzó tres veces en el aire, apresurando los latidos de su
corazón. Al volver a su casa permaneció de pie frente a la estatua que
tantas veces había besado y ante su asombro encontró una piel suave y
una boca ardiente. A un nuevo beso, la estatua despertó y adquirió
vida, transformíndose en una bella mujer real que se enamoró
perdidamente del creador.

Salvador Dal?
Galatea de las esferas

A través del tiempo, en muchas ocasiones se repite este maravillosa
historia. El creador de algo perfecto recibe la devolución mígica del
mismo. Un hecho similar ocurre, en ocasiones, con los maestros que
logran infundir sus conocimientos a sus disc?pulos / as, a punto tal
que en esa entrega también surge el amor y la pasi?n entre ambas
personas. Este mito inspir? muchas otras expresiones art?sticas. Se
destaca, entre ellas, la obra del Premio Nobel de Literatura George
Bernard Shaw: ?Pigmali?n?, sobre la que se filmí una simp?tica
película, ?Mi bella dama?, protagonizada por la exquisita Audrey
Hepburn, quien encarn? a una florista sin cultura que fue transformada
por la educación que le brind? un destacado ling?ista, interpretado
por Rex Harrisson.
Salvador Dal?, inspir?ndose en quien el reconoc?a como su musa, Gala, su mujer, realiz? en 1952 ?Galatea de las esferasí

So?emos con ser Pigamaliones y Galateas…

Javier Krause Alvarez

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