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Postal de San Telmo

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

San
Telmo es un barrio de historia y belleza. Sus calles, aunque harto
exploradas por turistas y curiosos, pocas veces son comprendidas a
fondo. Corazón y razón del Casco Histórico, barrio de antigüedades y
tal vez por la misma razón de sueños olvidados, San Telmo esconde
poesía en sus calles, y se descubre como terreno virgen al que uno no
está nunca seguro de conocerlo del todo.
La
postal empieza por la calle Defensa en su confluencia algo violenta con
Plaza de Mayo. A Contracorriente, debemos adentrarnos y caminar por las
a veces molestas y angostas calles, que no parecen esconder más que
otro pasadizo del fastidioso vivir porteño. Pero a medida que nos
alejamos del origen y remontamos Defensa, comprendemos el por qué de la
caminata. Los primeros empedrados aparecen como cintas depositadas
sobre un cráter, carácter de algo obsoleto y nostálgico, pero a la vez
que irradia vida. Las calles tienen sus habitantes, y nunca serán
caminos al pasado. Mientras avanzamos por Defensa, recordamos el
histórico nombre: Altos de San Pedro Telmo y que antes de Puerto Madero
y su singular estilo, estaba allí el antiguo Puerto de Buenos Aires.
San Telmo es un verdadero crisol de tiempos y tendencias, ya que si
buscamos podemos encontrar edificios del los siglos XVII, XIX y XX.

¡Tanta historia emana de sus paredes ajadas y esquinas oxidadas! Hogar
de movimientos artísticos y tradiciones ciudadanas, San Telmo tiene uno
de sus tantos corazones en su Plaza Defensa, donde una pareja
encaramada en su tango febril y despectivo se abraza con la música para
envolver a su vez a los espectadores. Dos cuadras más allá de la
plaza, todavía por Defensa, se encuentra un escondido paseo, llamado
“De la memoria”. Una casa chorizo, muy probablemente un conventillo en
sus albores, es hoy en día poco más que una galería histórica, cuyo
tesoro más preciado y aún conservado por el avance de la civilización
sigue siendo un profundo y auténtico silencio, de los que ya no se
encuentran en la Capital del país. El brillo de San Telmo no cuelga de
un fastuoso restó bar o de un anticuario etiquetado en euros; el brillo
está en las parrillas a la calle y los platos baratos con vista a la
simpleza; las antigüedades verdaderas: una fotografía, un antiguo facón
o incluso alguna historieta deshojada. San Telmo es una zona turística,
lo que, paradójicamente destiñe su belleza natural. Por Defensa, está
el destartalado Museo del Cine Argentino, que aunque de título
tentador, no es recomendable en lo más mínimo por todo lo que produce
en el visitante, pero más aún por el olvido y el desprecio que parece
tenérsele. Es preferible perderse por alguno de los afluentes de
Defensa, bajar hasta la costa, entrar en alguno de los museos ocultos
(como el Museo Penitenciario Argentino “Antonio Bailve”) o los
anticuarios en forma de galería poco llamativa custodiada por un portón
verde, o el pintoresco “Paseo de 1900”.

La
consigna no es dar un detallado mapa, sino romperlo. Es seguir un
camino con la sola conclusión de torcer la ruta en el momento menos
pensado y explorar. Dejarse perder sin alejarse, y tampoco perderse en
la preocupación de estar perdidos. Es conocer un lugar que nunca se
podría describir mejor que con las propias palabras de cada uno, las
que les nazcan cuando se animen y se adentren en sus profundidades. Las
cosas y los lugares y los barrios tienen la particularidad de
sorprendernos siempre cuando menos lo esperamos. Sólo hay que darles la
oportunidad.

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Santos Johnson

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