“TODO
HABITANTE TIENE QUE HACERSE CIUDADANO”
Monseñor Jorge
Casaretto, Obispo de San Isidro
reflexiona sobre la actual situación
del país y su gente.
El 13 de mayo de 1985, aceptada
la renuncia de Monseñor
Antonio María Aguirre,
Jorge Casaretto asumió
como Obispo de San Isidro. Fue
el más joven de la historia
de nuestro país, y si bien
pasaron más de veinte años
desde aquel momento, su estilo
continúa siendo simple
y desestructurado. Hoy es además,
Presidente de Cáritas Argentina.
-A veces su opinión es
un termómetro de lo que
pasa en el país. ¿Cómo
percibe la Argentina de hoy, luego
de la crisis de 2001-2002?
-Generalmente no puede haber una
mirada unívoca de una situación
que es tan compleja. La crisis
fue muy profunda. Creo que fue
una crisis de realismo, que hizo
despertar a la Argentina de la
conciencia irreal sobre lo que
pasaba. Los obispos hacía
mucho tiempo que veníamos
diciendo que la crisis en Argentina,
ante todo, era de carácter
moral. Lo más importante
fue haber encontrado un camino
democrático para salir
de esa crisis.
-¿Hay vientos de cambio?
-Hay algunos aspectos que son
destacables: la conciencia de
crisis, se generalizó.
La conciencia realista de la situación
de la pobreza en la Argentina
es también mucho mayor
en los argentinos. Todos son muchos
más concientes que estamos
prácticamente en el 50%
de pobreza que es algo que nos
toca de cerca a todos. Algunas
respuestas de solidaridad, también
se acrecentaron. Yo creo que todo
eso ha sidosignioficativo. Un
signo de vitalidad es el repunte
económico que se ha ido
dando. El tiempo dirá si
es sólido o transitorio,
pero de por sí, ha sido
importante. También lo
fue la sensibilidad para responder
con programas sociales, que aunque
puedan ser discutidos, son aún
necesarios y habrá que
perfeccionarlos. Creo que está
pendiente todavía encontrar
algunas políticas de Estado,
es decir, consensos por parte
de las fuerzas vivas de la dirigencia
que permitan traducir esos consensos
en políticas de Estado.
Eso me parece que es un tema clave,
y todavía, una deuda pendiente.
-¿Cuál es el rol
del cristiano en este contexto?
-La fe habla de una relación
con Dios, pero ciertamente de
una relación con el prójimo.
El que se siente amado por Dios,
quien experimenta ese amor, necesariamente
se siente enviado a volcar ese
amor al prójimo en compromisos
con la sociedad, que podrán
ser de carácter político
o solidario. Pero ciertamente
todo cristiano tiene que sentir
la responsabilidad de traducir
en su vida, respuestas, sobre
todo ante una situación
de tanta pobreza. Diría
que hoy todo habitante de la Argentina,
tiene que hacer una conversión
y hacerse ciudadano de la Argentina.
Cuando decimos habitante hablamos
de una persona que está
simplemente, pero un ciudadano
experimenta una responsabilidad
respecto de la vida social. Hoy
los habitantes se reducen a votar,
muchas veces. Debería acrecentarse
esa conciencia de que hay que
aportar a la sociedad algo más
que el voto.
-Se dice que los argentinos somos
solidarios, pero ante la urgencia…
-En general, parece ser natural,
que ante una catástrofe
o una situación de emergencia,
la solidaridad se acreciente.
Desde Caritas estamos tratando
de que aparezca en la conciencia
de todos los argentinos esta responsabilidad
solidaria permanente. Este es
un trabajo que tenemos todos los
argentinos. Y los cristianos como
tales, tenemos que concienciar
más a la sociedad en este
sentido.
-La última colecta anual
de Cáritas, ¿cumplió
las expectativas?
-La expectativa es doble: recaudar
muchos fondos y aprovechar la
colecta para generar mayor conciencia
solidaria. Eso es lo que intentamos.
El tema es perseverar. Cada año
Cáritas realiza esta colecta,
así como campañas
de concientización hacia
la solidaridad. Estoy convencido
de que en la vida, los esfuerzos
que dan resultados son los que
se hacen perseverantemente, no
como impactos pasajeros. Y en
eso se está trabajando.
-Si hablamos de la Iglesia, puertas
adentro, ¿a qué
atribuye el abandono de algunos
sacerdotes y religiosas, así
como la poca llegada de nuevas
vocaciones?
-Lo que la Iglesia está
enfrentando hoy en todo el mundo,
es una cultura con un signo de
relativismo muy fuerte, de pérdida
de escala de valores. Eso pone
en crisis a toda la sociedad,
incluida la Iglesia. Evidentemente
ha habido algunas defecciones
en los sacerdotes y religiosas,
pero también una problemática
muy seria en la vida matrimonial
y familiar. En este sentido, la
crisis es generalizada. Pero esto
no nos tiene que asustar. Son
momentos históricos. La
Iglesia ha pasado muchos. Nosotros
lo vemos como un gran desafío.
Esto debe llevar a la Iglesia
a un reacomodamiento de su estilo
de trabajo, su presentación
del mensaje. Porque si bien las
verdades que predicamos son eternas,
deben inculturarse y presentar
toda su validez para distintas
culturas. Creo que la Iglesia
está respondiendo a esto,
haciendo una readaptación
de su mensaje. Hay valores que
ciertamente no van a poder cambiar,
como el valor de lo religioso
como tal: hacerlo más presente
a Dios en la vida de la gente,
así como el mensaje de
Jesucristo, quien trae un mensaje
de felicidad. Porque los valores
del Evangelio son los que verdaderamente
pueden dar respuesta a la felicidad
de la gente. Uno ve que en la
cultura actual hay una gran búsqueda
de felicidad, pero a veces se
canaliza mal, nada más
en la búsqueda del placer,
hedonística. La Iglesia
sabe que Jesús tiene todas
las respuestas. El tema es cómo
presentamos estas respuestas de
modo tal que lleguen al corazón
de la gente. En eso está
trabajando en estos tiempos.
-En cuanto a la falta de vocaciones,
¿puede que tenga que ver
con el no acompañamiento
en medio de estos cambios culturales?
-Le diría que no son tantos
los que han dejado, porque los
porcentajes no llegan al 10%.
No es una crisis tan fuerte, si
bien es cierto que golpea. Sin
dudas esto nos ha llevado a revisar
la formación de nuestros
sacerdotes, a ver cómo
hacemos para mejorar en los seminarios.
Nos ha llevado también
a tratar de trabajar mucho en
la formación permanente,
es decir, en el acompañamiento
a través de toda la vida
sacerdotal, con elementos formativos.
Creo sinceramente que el esfuerzo
se está haciendo y va a
dar sus frutos.
-Por último, hablando de
la cuestión cultural, ¿en
cuánto contribuyen los
medios de comunicación
a la formación de la actual
escala de valores?
-Es un tema muy interesante. Los
valores se manifiestan, sobre
todo, en la dimensión educativa.
Uno educa en los valores. Pero
muchas veces, el esfuerzo que
hace la familia y la escuela,
se tendría que ver complementado
con otros elementos de la sociedad,
y no es así. Hoy aparecen
con fuerza los medios de comunicación.
Sobre todo, la televisión
no es una fuente de comunicación
de valores. Muchas veces el esfuerzo
de los maestros y padres por comunicar
a sus hijos algunos valores se
ve contrarrestado por otros que
muestran los programas de televisión.
Por lo general, esta competencia
no es sana. Es algo que la sociedad
debería revisar si quiere
tener más salud. Gracias
a Dios, ha habido una reacción
de escritores, artistas y gente
de la cultura. A veces ha sido
sólo la Iglesia la que
ha reaccionado y por esto se dice
que atenta contra la libertad,
y no tiene nada que ver con eso,
sino con ver cómo hacer
un buen uso de esa libertad con
una predicación y formación
eficiente de nuestros jóvenes.
Laura Zavoyovski