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Rincón de San Isidro

Fecha de Publicación: 28 - 11 - 2006.

Recuerdos Imborrables

Nuevamente llega la alegría de una antigua tradición: la celebración de las Fiestas Patronales de San Isidro Labrador, que se realizan cada 15 de mayo desde 1708.

El capitán Domingo de Acassuso fue el impulsor de la zona y levantó la primera capilla tras un sueño en el que vio al Santo Patrono. Aquella construcción fue reemplazada en 1895 por el templo actual, que proyectaron los arquitectos franceses Dunant y Paquín. Su construcción fue realizada entre 1895 y 1898. La consagración del templo se efectuó en octubre de 1906, a dos siglos de la fundación de la capellanía. Desde entonces esta obra neogótica eleva su figura, coronada por una torre de casi 70 metros de altura, dominando el paisaje tan particular de nuestra ciudad.

Mientras repaso su historia, un día de este mes que recién ha comenzado, miro mi reloj y descubro, aliviada, que tengo algo de tiempo para regalarme. Entonces me alejo de las calles céntricas y mientras se amortigua el sonido de los trenes, los autos y las voces alteradas de la gente, recuerdo una imagen muy nítida en mi memoria, a pesar de los años transcurridos. Mi madre y yo estamos caminando por estas veredas. Con su voz suave me relata algo del lugar, también sobre la celebración de aquellas fiestas patronales, y el sueño de ese español bravío con su santo madrileño, además menciona según vamos pasando antiguas casas señoriales, el nombre de tradicionales familias, muchos de cuyos integrantes, habían sido alumnos de ella.

Hoy, voy doblando esquinas rumbo a la plaza. Camino y veo el verde, ese de tonos tan variables, el que atesoro para poder cerrar mis ojos y sentirme acompañada cuando las lágrimas tiñen mi tiempo de gris.
Sin necesidad de palparlas siento las cortezas arrugadas de las tipas, donde mágicamente de tanto en tanto, florecen pequeñas orquídeas amarillas o rojos claveles del aire.
¡Ah, mis amadas tipas, sempiternos guardianes de la ribera!

El pavimento serpentea apurado, pero más allá, bajo un cielo que en otoño se puebla de rizadas nubes blancas, pasan las aguas oscuras del Río de la Plata, que a veces, juegan a cambiar su color y su ritmo. En esta mañana intentan ser doradas, se encrespan, se aquietan, diría que se inmovilizan. En la vieja catedral tocan las campanas, varias palomas, como imitándolas, agitan sus alas volando con espeso ruido.

Mi corazón descubre un secreto: en este rincón de San Isidro…la tierra tiene ansias de ser nido.

Por Diana Alvarez

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