Tango Todo

Rita, Katrina, Wilma, Terremotos, Incendios… y tantas otras catástrofes naturales.

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

Muchos son los cuestionamientos, llamados, consultas, sobre qué sucede con estos
acontecimientos planetarios. Por supuesto, en general el razonamiento
es mágico (con la mirada acostumbrada de la humanidad, de crimen y
castigo). Y además con la idea que esto le sucede a “ellos”
(quienquiera que sea), no a nosotros.

Hasta
ahora, la conciencia de los habitantes de la Tierra, ha sido lo
suficientemente escasa, como para pensar, que a esto tan inmenso que
nos contiene, no le puede suceder nada, y mucho menos, que puede sentir
algo. Además, tenemos la visión, que es como un envase cerrado, que nos
contiene. A pesar de saber que es redonda, parecemos ignorar que está
en eso que llamamos cielo. De alguna manera, seguimos viviendo de
acuerdo a lo que vemos y como sólo vemos el horizonte, que es una
línea, que nos da la idea de plano, olvidamos su redondez. Aseguramos
nuestra casa, nuestro auto, nuestra familia, nuestras joyas y nuestros
viajes, sin pensar en algún momento, que el planeta está en el aire.
Tenemos sumo cuidado de asegurar estas cosas, pues son “nuestras”,
fruto de “nuestro” esfuerzo y trabajo y “nos” pertenecen. Todo lo que
exceda los límites de lo “nuestro”, que se ocupe el otro, no sé quien.
Así hemos vivido, tratando la ciudad que habitamos, el país y el
planeta, desde esta mirada. Por lo tanto, tenemos la idea, que lo que
sucede en otros países, no nos compete. Sucede allá. No “nos sucede”.
¡Cuanto
nos cuesta darnos cuenta, que hay una casa mayor, que excede los
límites de mi casa, mi ciudad, mi país, mi continente! Y que somos los
habitantes de esa casa, en la que vive la humanidad: el Planeta Tierra.
Meditamos, le enviamos energía, la vemos hermosa, la ponemos en
nuestros logos, nos reunimos para enviarle luz, etc. etc. etc., pero la
seguimos contaminando, tiramos basura, cambiamos su conformación. Si
vemos como en una película, los cambios estructurales que la humanidad
permitió que se hicieran en la Tierra, nos damos cuenta que la más
alucinante película de ciencia ficción, no logra excederlo. Desviamos
ríos, hicimos lagos en zonas desérticas, talamos selvas para hacer
llanuras, invadimos las aguas para hacer ciudades, playas, modificamos
montañas, tiramos bombas en los océanos, en la superficie y en el
exterior, desintegramos glaciares, corrimos témpanos, extraemos la
riqueza, sin cuidar que la fuente queda intacta. ¿Qué
le sucedería a un hombre o mujer, a la que le desviamos las arterias,
le ponemos el corazón donde están los genitales, el cerebro donde
estaba el corazón, los genitales en el lugar del hígado y el hígado en
la cara, un brazo en el estómago y otro entre los omóplatos? ¿Suena a
lo que llamamos “monstruosidad”? Si
partimos de la base que el planeta es un ser vivo, una conciencia, con
todos los elementos que conocemos: agua, tierra, aire y por supuesto
espíritu, es lógico pensar que en algún momento, re – accionará a los
cambios continuos que los seres humanos hemos producido en él,
conciente e inconcientemente. Cuando
comenzamos a tener esta conciencia, que nos lleva a hacernos cargo que
por ignorancia, por desidia, por conveniencia, por los mil motivos que
pudimos haber tenido, permitimos que esto sucediera, nos damos cuenta,
que esta ola de catástrofes, empezó hace mucho tiempo, como la onda que
genera una piedra tirada en el medio de un calmo lago, y que es
imparable, salvo por una nueva toma de conciencia de la humanidad toda.
Y cuando hablo de conciencia, significa responsabilidad, que conlleva a
la impecabilidad, la justicia y la ética, que debería ser el trabajo
personal e intransferible, de todos los seres vivos. Me
cuesta exponer tan crudamente esta realidad. Desearía hacer un artículo
sutil sobre lo que la Tierra y la Humanidad somos. Sólo he descripto
una parte y supongo que cada uno seguirá reflexionando en lo personal
qué cosas hizo o no (que es lo mismo), para que esto sucediera. Y qué
sigue haciendo. Y cómo cambiar, de veras, nos vean o no. El
tener esta mirada, nos saca de la idea del crimen y castigo. Nos ubica
en el lugar de en qué influí para que esto sucediera. Aunque sea
pequeño. Porque esto nos hace arribar a otra realidad: lo que hagamos,
grande o pequeño, influye a la totalidad, porque somos a imagen y
semejanza de ella y a ella pertenecemos. Lo
que haga conmigo, genera cambios en mi familia y en mi casa, y ello
influye a la sociedad que me rodea, por lo tanto al país; lo que suceda
en Argentina, influye al Planeta y así vamos influyendo sobre el
Universo, en positivo o negativo. Cuando
hablamos de Astrología y describimos los tránsitos, debido al ejercicio
que tenemos de quedarnos con lo ilusorio y mirar hacia afuera, no hacia
adentro, obviamos lo concerniente a que para que acontezca lo lindo,
debe finalizar, en todos, lo que no corresponde. La
realidad en la naturaleza, en los gobiernos, en las personas, en los
pueblos, nos muestra todo este colapso, que se está dando y que debe
suceder, para que amanezca Acuario. Todo esto es lo que no queremos ver
de Plutón en Sagitario, Urano en Piscis, Neptuno en Acuario, Saturno en
Leo y Júpiter en Libra, pasando a Escorpio en Octubre de 2005. ¿Qué
vemos cuando miramos? ¿De qué sirve saber las maravillas que van a
suceder, que no se van a dar, si no cambio ahora, adentro mío, desde lo ínfimo y en este instante?

María Ester Abal Vella
Astróloga y Terapeuta Floral

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