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¡S.O.S. violencia en la escuela!

Fecha de Publicación: 03 - 11 - 2006.

¡S.O.S. Violencia en la escuela!

Lo que hay que saber, lo que se hace, y lo que se omite en Argentina.

El Lic. Alejandro Castro Santander es psicopedagogo institucional, especialista en gestión educativa y de la convivencia escolar, profesor de la Práctica Profesional de la Lic. en Psicopedagogía y la cátedra de Evaluación Institucional y de los Aprendizajes de la Universidad Católica Argentina; además es asesor de instituciones educativas.

Es también, miembro del Consejo Consultivo de la Convivencia –DGE, Mendoza-, investigador y autor de“Desaprender la Violencia”, “Analfabetismo Emocional” y “Violencia silenciosa en la escuela”. Como si fuera poco, se desempeña como colaborador para Argentina de la Red Iberoamericana de Observatorios de la Violencia Escolar y el Observatorio Europeo de la Violencia Escolar.

De más está decir que es una voz más que autorizada en cuestiones referidas al clima que prepondera en las escuelas del país.

-¿A qué se llama violencia en la escuela?

No ha sido fácil dar un concepto orientador sobre la violencia en la escuela porque también ha costado definir “la violencia”. En general, optamos por decir que la violencia -del latín vis=fuerza- es la versión perversa de la agresividad, porque consideramos que también existe una agresividad benigna, defensiva, que es necesaria para enfrentar las dificultades y a la consideramos natural en el ser humano. Pero la versión “maligna” se dirige a la destrucción y esta conducta es aprendida en distintos ámbitos, pero primariamente en la familia. Aunque parezca sencillo decir que la conducta violenta se aprende, llegar a esta afirmación necesitó de un grupo de científicos que se reuniera para fundamentarlo a través del “Manifiesto de Sevilla”, el que no sólo desmitificó el argumento de que el hombre siempre sería “lobo del hombre”, que siempre haría la guerra, sino que previniendo el origen del maltrato, enseñando con distintas estrategias sociales a manejar el conflicto, el hombre es capaz de “vivir bien con los demás”. Todos nacemos agresivos, pero sólo algunos se vuelven violentos.

La Organización Mundial de la Salud nos da una definición de violencia que también aplicamos a la que se produce en el ámbito de la escuela: “El uso deliberado del la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos de desarrollo o privaciones”.

Estas violencias que encontramos en la sociedad entran a la escuela y con docentes, alumnos, padres, todos los que decimos formar la comunidad educativa; pero además también están los medios de comunicación, las desacertadas o ausentes políticas públicas, la economía, etc. Por eso también decimos que la violencia es un suceso bio-psico-socio-cultura-económico-político. En síntesis: un fenómeno complejo, multicausal, que cambia permanentemente de forma y que se ha convertido en un peligroso y creciente problema de salud, a tal punto que la OMS la considera la pandemia del siglo XXI.

La escuela es un ámbito de encuentro pero también de distintos conflictos que, cuando se dan las condiciones, pueden escalar a violencia. Por eso tratamos de clasificarla en hechos de violencia directos -como los golpes o el uso de un arma- y los indirectos -romper o esconder los útiles-, que generalmente producen en algunos niños más dolor que los golpes. También está la violencia verbal directa, por ejemplo, los insultos, las burlas que ocupan el primer lugar entre las denuncias de los mismos alumnos. Pero además existe una violencia verbal que pasa más desapercibida para los adultos, cuando se habla mal de alguien.

Tal vez la forma de agresión que más sufren los niños, pero principalmente los adolescentes, es el maltrato social. Nos referimos acá a la exclusión social, el ignorar, el no dejar participar.

Todas estas formas de maltrato se dan entre los alumnos y también, hay que reconocerlo, entre los adultos que deberían dar el ejemplo en cuanto a “buenos tratos”. Los adultos muchas veces somos generadores de violencia en las escuelas como cuando aplicamos la disciplina con criterios desiguales. Así, los alumnos que son habitualmente más castigados, generan también un sentimiento de oposición que ponen de manifiesto en sus conductas de agresión.

Un lugar especial ocupa la evaluación, que es utilizada muchas veces por algunos docentes como un arma para demostrar poder, consiguiendo solamente que sea vivenciada por el alumno como un hecho de injusticia en el cual no tiene la palabra.

-¿Qué relación tienen éstas violencias con lo que se conoce como “bullying”?

A este concepto muy utilizado en Europa, nosotros preferimos llamarlo “ecoso escolar”, ya que se origina en las distintas formas de violencia que citamos anteriormente, pero se reiteran a través de un hostigamiento que puede durar meses y en algunos casos, la victimización puede llevar años. Esta conducta acosadora tiene en muchos niños, generalmente más débiles, un efecto demoledor. Las consecuencias pueden ir desde la baja autoestima, bajo rendimiento, ansiedad, hasta depresiones o conductas impredecibles contra su agresor o contra él mismo.

Este fenómeno ha sido estudiado en Europa, EEUU y se lo encuentra en Japón donde se lo conoce como “ijime”, y es una de las causas de suicidio que más preocupa en este país.

Recuerdo que mientras seguía el caso Jokin en España, un adolescente de 15 años que se había suicidado en Hondarribia a causa del acoso de un grupo de compañeros -físico, verbal y social-, una semana después -28 de setiembre de 2004- ocurrían los terribles hechos en Carmen de Patagones, en nuestro país. En este último caso, Junior tenía a disposición un arma.

¿Por qué nos preocupa tanto el acoso entre alumnos? Porque si bien siempre han existido estas formas de violencia, hoy la familia en particular y la sociedad en general no contienen afectivamente ni se preocupan por formar personalidades resilientes -capaces de sobreponerse a la adversidad y salir fortalecidos de esa experiencia-. Este niño que ha sido excluido de su grupo de iguales, grupo que necesita y que le importa más que su propio éxito escolar, hoy está solo y además tiene pobres habilidades sociales como para enfrentar esta situación.

-Acabás de culminar un estudio sobre 6 mil alumnos de 6 provincias argentinas acerca de clima escolar y violencias. ¿Cuáles son los principales resultados que arroja?

Saliendo de estos casos que acabo de nombrar, que afortunadamente son aislados, sabemos que existe una violencia que pasa muy desapercibida para los adultos, sean docentes o los mismos padres, de la que hablamos mucho, teorizamos demasiado pero que no habíamos empezado a medir.

Hace más de 10 años que trabajo con los hechos de indisciplina y las agresiones en el ámbito de la escuela, pero nunca -hasta los últimos 5 años- había sentido la necesidad de investigar más profundamente. En general los profesionales que nos ocupábamos de estos temas lo arreglábamos con charlas a los padres y conferencias a los docentes. Pero la realidad social fue cambiando, la familia cambió y nos encontramos con qu
e la afirmación acerca de que había más violencia -como aseguraba la percepción de la gente- o que no era tanta -como explicaban los gobiernos escolares- no tenía ningún fundamento ya que nunca se había diagnosticado. ¿En relación a qué estamos afirmando más o menos violencia?

Aprovechamos la posibilidad que nos dieron las escuelas de distintas provincias argentinas para iniciar una aproximación diagnóstica que llevó más de un año pero que nos mostró, ya no lo que decíamos los adultos de las distintas violencias, sino qué percibían los niños y adolescentes en sus escuelas.

Muy sintéticamente lo que nos dijeron los chicos en el estudio fue:

  • :: Casi 1 de cada 3 alumnos reconoce tenerle miedo a sus compañeros y frente a la violencia indirecta el 46% dice sufrirla a veces y el 11% mucho.
  • :: En las edades más tempranas interviene más lo físico directo y lo verbal, mientras que en la EGB 3 y Polimodal se transforma en indirecto -murmuraciones, amenazas, robos- y lo social -rechazo y aislamiento-, que como dijimos, es muy preocupante ya que la aceptación en el grupo es crucial.
  • :: El 32% dice sufrir a veces agresiones físicas y el 62% agresiones verbales. Aunque los chicos también hacen autocrítica: el 62% confió haber maltratado a sus compañeros a veces y el 6% continuamente.
  • :: Otro dato que saca a la luz este trabajo es que los maestros y padres son los últimos en enterarse del problema. Ante reiterados hechos de violencia, el 57% de los niños se calla y del resto, el 70%, se lo comunica a sus amigos, después a los padres y finalmente al docente. Esto hace que se incremente su invisibilidad y lo haga tan difícil de prevenir.
  • :: Si bien el estudio estaba dirigido a la violencia entre iguales, un número importante de alumnos en todas las escuelas encuestadas preguntaron por qué no había un ítem relacionado con la violencia de los docentes dirigida hacia ellos.

-Como especialista en el tema, ¿Cómo creés que se está tratando este tema en nuestro país?

No existe una propuesta integral para prevenir y enfrentar la violencia en general ni la violencia en el ámbito escolar en particular. Se están haciendo muchas cosas, pero aisladas, con poco impacto en la población escolar y la mayoría de las veces dependen de la buena voluntad de los docentes. No existen políticas públicas para trabajar con inteligencia, ya no sólo la convivencia entre los alumnos, sino lo que es más grave aún para una Nación: no hay verdadera formación del futuro ciudadano, educación que debe “vigorosamente” formar parte de los currículos desde Nivel Inicial.

En estos días –como todos los años- se está hablando de educación vial, educación sexual, etc. Los que trabajamos con aspectos de la convivencia humana sabemos que si no educamos a los niños para que sean también competentes en lo emocional personal y social, a las futuras generaciones de “analfabetos emocionales”, no les pertenecerá cumplir con las normas viales o tener conductas sexualmente responsables, porque sencillamente el otro no les importará. “El individuo enemigo número uno del ciudadano”, decía Norbert Elías.

En los últimos años los argentinos hemos demostrando una creciente anomia social. No repitamos esto con nuestros chicos.

-¿Hubo un antes y un después luego del caso Carmen de Patagones, o nada ha cambiado desde entonces?

A diferencia de España con el caso de Jokin, que llevó a todo un país a pensar políticas anti-bullying, Carmen de Patagones fue un hecho trágico, aislado, que se va desdibujando en la memoria de de los argentinos.

En un país en el que estamos acostumbrados a las políticas en las que se “hace como si…” y por supuesto nada cambia, me pregunto si no cabe responsabilidad a los funcionarios que deberían proponer políticas sociales, educativas, para que no nos sorprenda otro Carmen de Patagones… y que por favor que no sigan diciendo que se soluciona ofreciendo solamente cursos de mediación.

-¿Cuáles son las asignaturas pendientes en torno al tema de la violencia escolar?

Son varias, a saber:

  • :: La necesidad de políticas públicas en las que la educación deje de ser un espacio sensiblero en los discursos y se convierta en una política prioritaria de Estado. Que exista un equilibrio coherente en lo que esperamos que aprendan nuestros alumnos. Mucha Lengua, Matemática, pero también formación personal y social. Esperamos que la nueva Ley de Educación Nacional interprete la frase del colombiano Restrepo que nos decía: “El cerebro necesita del abrazo”.
  • :: La urgencia de un nuevo “contrato” social entre la escuela y la familia. Esta violencia que venimos observando entre padres-docentes, ejemplificada en el reemplazo de la antigua pregunta “cómo anda mi hijo” por la actual “qué le hicieron a mi hijo” es la terrible evidencia de un desencuentro en donde el único perjudicado es el niño.
  • :: La capacitación inicial de los nuevos docentes y la continua de los docentes en actividad. El clima social escolar ha cambiado y muchos de nuestros docentes no fueron preparados para enseñar en estas nuevas formas de “convivencia”. En un estudio reciente que hicimos a unos 400 docentes, el 78% cree que estas dificultades afectan negativamente su salud.

Por todo lo expresado, hemos tomado el ejemplo de otros países que están trabajando con responsabilidad estos temas. En Europa existen los Observatorios de la Violencia Escolar, como el Internacional o el Europeo y también en nuestra región una Red de Observatorios Iberoamericana de la Violencia Escolar que funciona en Brasil en la Universidad de Amazonia. Estos observatorios son absolutamente independientes de los gobiernos de turno y tienen como misión dar alertas tempranas a través de la investigación y se preocupan además por la capacitación y la evaluación de programas de prevención y enfrentamiento de las violencias. Todos estos observatorios trabajan en red con las Organizaciones de la Sociedad Civil –OSC- que son idóneas en temas relacionados con la niñez, la juventud y las problemáticas sociales en general, porque la convivencia pacífica es un tema que nos involucra a todos. Por ese motivo antes de fin de año queremos crear un Observatorio de la Convivencia Escolar para que sea un lugar de encuentro de todas estas OSC que están preocupadas y desinteresadamente ocupadas en la prevención de la violencia. Esperamos que se pueda concretar y dar así una respuesta más potente a los pronósticos de violencia.

Tipo de Maltrato
Fuente: Estudio sobre Clima Escolar y Violencias; Provincias de Mendoza, San Juan, San Luis, Córdoba, Tucumán y Salta. Alumnos de 5º EGB 2º a 3º de Polimodal.

Laura Zavoyovski

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