S.O.S.
Tóxicos
Cotidianos
En
la
cocina,
cuidados
al
manipular
alimentos
y
limpiar.
Hay
determinados
recaudos
que
vale
la
pena
tomar
para
no
ser
víctima
de
determinados
químicos
a
los
que
cotidianamente
estamos
expuestos.
Sólo
es
cuestión
de
actitud.
-En
el
ámbito
de
la
cocina
y su
higiene,
¿qué
especial
cuidado
debemos
tener
con
los
desinfectantes
que
usamos?
¿En
qué
casos
se
suele
usar
lavandina
para
purificar
y
qué
podría
ocasionarnos
un
exceso?
En
el
caso
de
los
desinfectantes
y
otros
agentes
de
limpieza,
primero
debemos
tener
en
cuenta
que
no
todos
son
aptos
para
entrar
en
contacto
con
alimentos
-no
utilizar
para
lavar
un
plato
un
jabón
en
polvo
destinado
a
lavar
ropa-.
También
debemos
tener
en
cuenta
las
dosis
máximas
permitidas,
de
lo
contrario
producirían
toxicidad.
Un
buen
ejemplo
es
el
de
la
lavandina,
muy
recomendable
para
“potabilizar”
el
agua,
pero
en
cantidad
adecuada
-2
gotas
por
litro-;
si
agregamos
mayor
cantidad
podemos
sufrir
irritación
de
la
mucosa
del
aparato
digestivo
y
efectos
mayores
en
caso
de
consumir
altas
dosis
de
este
producto,
como
quemadura
severas.
-¿Por
qué
es
tan
importante
guardar
alimentos
en
bolsas
especiales
para
heladera
o
freezer,
y no
en
cualquier
tipo
de
bolsa
o
recipiente?
Las
materias
en
las
que
embalamos
los
alimentos
-por
ejemplo,
al
freezar,
o al
guardar
sobras
en
la
heladera-
deben
tener
determinadas
características
físicas
para
que
las
mismas
sean
aptas
para
este
uso.
Dependiendo
de
estas
características,
seleccionaremos
qué
alimentos
podemos
conservar
en
qué
envases.
Dentro
de
las
características,
podemos
mencionar
la
permeabilidad
de
la
materia
a
los
gases
-como
el
vapor
de
agua
o el
oxígeno-:
en
el
caso
de
las
carnes
no
conviene
que
el
envase
permita
el
paso
del
oxígeno,
mientras
que
en
el
caso
de
las
frutas
y
legumbres,
sí,
ya
que
lo
necesitan
para
la
respiración,
por
lo
que
el
envase
debe
ser
permeable
al
mismo.
Otra
característica
es
la
resistencia
mecánica,
es
decir,
que
soporte
el
aumento
de
volumen
del
alimento
-que
ocurre
por
ejemplo
cuando
se
friza
un
alimento
con
alto
contenido
de
agua,
como
la
carne-
y
deben
ser
lo
suficientemente
flexibles
como
para
no
fisurarse
al
contraerse.
En
el
caso
de
alimentos
que
se
cocinan,
recalientan
y
descongelan
en
el
envase,
los
materiales
del
embalaje
deben
ser
resistentes
al
calor.
También
deben
proteger
contra
la
luz,
que
deteriora
las
vitaminas
contenidas
en
los
alimentos
y
acelera
la
oxidación
de
los
lípidos
del
alimento,
con
sus
efectos
negativos
consecuentes
como
el
enranciamiento
o la
disminución
del
valor
nutritivo
de
los
mismos
ácidos
grasos,
el
envejecimiento
celular.
Y
una
de
las
propiedades
más
importantes
que
deben
tener
los
embalajes
es
que
sean
completamente
inertes
frente
al
alimento.
Sus
componentes
no
deben
alterarse
por
el
contacto
con
los
constituyentes
del
mismo
y
solo
pueden
cederle
un
mínimo
de
toxicidad
-establecido
en
la
reglamentación
alimentaria-.
-¿Qué
cuidados
hay
que
tener
con
los
alimentos
enlatados?
Las
latas
no
deben
estar
golpeadas
o
abolladas
dado
que
el
golpe
deteriora
el
barniz
interno
de
la
lata
que
se
utiliza
para
evitar
que
el
alimento
entre
en
contacto
directo
con
la
hojalata,
lo
que
ocurriría
en
caso
de
que
el
barniz
se
saltase
a
causa
de
un
golpe.
Este
barniz
también
es
sensible
al
oxígeno,
por
lo
tanto,
una
vez
abierta
la
lata,
el
barniz
se
deteriora
y el
alimento
puede
contaminarse
con
el
metal,
sumándose
a
esto
la
posibilidad
de
formación
de
óxido.
Por
lo
tanto
las
conservas,
una
vez
abiertas,
deben
utilizarse
en
su
totalidad.
De
no
ser
así
se
debe
guardar
el
contenido
sobrante
en
envases
de
vidrio
o
plástico,
con
tapa
y
bien
limpios.
Cabe
aclarar
que
estos
alimentos
deben
consumirse
dentro
de
los
dos
días
de
abiertos.
-En
cuanto
al
aceite
varias
veces
usado,
y
quizás
hasta
quemado,
¿Cuál
es
el
riesgo?
A
altas
temperaturas
las
grasas
sufren
cambios
de
carácter
químico.
Uno
de
los
cambios
es
la
formación
de
acroleína,
que
es
irritante
de
la
mucosa
nasofaríngea
y
del
aparato
digestivo.
Se
manifiesta
con
la
aparición
de
gases
de
color
azulado
y
olor
desagradable.
A
mayor
reutilización
de
la
grasa,
mayor
formación
de
acroleína.
El
oxígeno
también
es
un
factor
que
favorece
el
deterioro
de
la
grasa
al
igual
que
los
residuos
de
alimentos
-ejemplo:
pan
rallado
que
queda
en
el
aceite
luego
de
freír
una
milanesa-.
-¿Qué
pasa
con
el
hecho
de
recalentar
cosas
en
el
microondas
en
recipientes
no
especialmente
diseñados
para
eso?
Si
el
envase
plástico
no
es
apto
para
microondas,
las
microondas
pueden
producir
ruptura
del
plástico
lo
que
podría
producir
transferencias
de
partículas
del
plástico
al
alimento.
-En
cuanto
a la
calidad
de
los
alimentos
frescos,
como
frutas
y
verduras,
¿Es
preferible
consumir
los
que
sabemos
son
naturales?
Los
productos
fitosanitarios,
llamados
incorrectamente
“pesticidas”,
constituyen
un
importante
contaminante
de
los
alimentos.
Son
utilizados
en
agricultura
o en
productos
fitosanitarios.
En
el
grado
de
toxicidad
y
eficacia
de
cada
uno
se
basa
la
reglamentación
para
autorizar
o no
su
uso,
indicando
reglas
de
empleo
-como
el
tiempo
máximo
entre
la
aplicación
y la
cosecha-
y
contenido
máximo
en
el
producto
final.
En
el
caso
de
frutas
y
verduras,
se
recomienda
un
buen
lavado
antes
del
consumo
para
eliminar
aquellos
residuos
que
sean
solubles.
Respecto
de
los
productos
orgánicos,
si
bien
evitamos
el
consumo
de
los
contaminantes
anteriormente
mencionados,
debemos
tener
en
cuenta
que
estos
alimentos
son
extremadamente
susceptibles
a
contaminaciones
microbiológicas,
justamente,
por
no
contar
con
algún
tipo
de
“protección”.
-En
la
cocina,
¿cuán
importante
es
tener
un
filtro
de
agua?
¿Cuándo
es
indispensable
y
cuando
no
tan
necesario?
Un
filtro
no
es
indispensable.
Cuando
no
estemos
seguros
sobre
la
procedencia
del
agua,
para
asegurar
su
potabilidad
basta
con
hervirla
durante
3
minutos
o
bien
agregar
2
gotas
de
lavandina
por
cada
litro
de
agua
y
dejarla
reposar
durante
30
minutos
antes
de
utilizar.
Es
importante
aclarar
que
el
agua
no
debe
hervirse
por
más
de 3
minutos,
dado
que
estaríamos
concentrando
las
sales
minerales
que
contiene.
El
filtro
sirve
para
retirar
las
impurezas
del
agua
-pero
no
es
garantía
de
seguridad
microbiológica
en
un
100%-.
En
caso
de
utilizar
uno,
recordar
que
el
agua
filtrada
debe
conservarse
en
la
heladera
tapada
y
debe
ser
consumida
antes
de
las
24
horas
ya
que
el
filtro
le
"quita"
el
cloro,
que
es
el
agente
de
protección
que
el
agua
tiene
ante
contaminaciones.
Brenda
Müller
Lic.
en
Nutrición