Red Seguros

Sentirse deprimido – Duelo

Fecha de Publicación: 09 - 03 - 2009.

¿Quién no se ha sentido deprimido?
¿Quién no se ha sentido deprimido? ¿Total, parcial u ocasionalmente? Hay dos situaciones clásicas en la vida de cualquier ser humano. Clásicas por lo habituales, cotidianas, frecuentes.

Sentirse deprimido y sentirse angustiado. Me voy a referir hoy a lo primero. (Dejo para otra ocasión lo segundo)
Sentirse deprimido es algo que sólo suele entender el que lo siente.

Se siente pesado, nada le gusta, nada lo motiva, “la cama me tira” – suele ser una frase habitual para ejemplificarlo. Con matices, cada uno tiene sus colores y grises. Alguien puede tener toda su vida detenida por ese pesar, incluso corporalmente. Otro puede reservarlo para cuando está solo y seguir más o menos los caminos de la vida: trabajar, criar a los hijos, etc.

 A veces quien se siente así, ha consultado a un médico que le ha recetado algún antidepresivo y a veces entonces, “anda mejor”, o un poco acelerado incluso… Tal vez, además, su gente cercana no sólo no entienda su estado, sino que además se lo critiquen…

Los laboratorios, segundo negocio mundial de lavado de dinero, luego del de armas legales, se esmeran en nomenclar y probar fármacos, para mayor consumo, que se anima a  recetar hasta el vecino de la cuadra o los masivos programas de cable. ¿Y luego? OJO. Sólo un médico psiquiatra, trabajando en equipo con un psicoanalista puede seriamente administrar lo transitorio de un fármaco- este punto no es poco importante. No le sirve el mismo remedio que tomó su tía, su abuela, su amiga, su amante o su vecino…NO LE SIRVE EL MISMO REMEDIO.

Aclarado este punto… ¿Cuál es la causa de ese estado tan denso, pesado, constante o alternado que se nombra “depresión”?

Un duelo que no se ha resuelto.

La pérdida de alguien o algo muy importante para uno. Para cada quien. Puede ser un exilio, algo muy importante que nunca ocurrió…o un ser humano de carne y hueso, marido, novia, amante, hijo, amigo, hermano, esposa, padre o madre, etc.

No importa si eso fue ayer o hace 20 años, si no fue “trabajado” por el Aparato psíquico, deviene lo que se nombra “depresión”. Y seguramente nadie puede hablar fácilmente con sus seres cercanos del dolor que siente de la pérdida de algo o de alguien de hace 10 años… (por decir una fecha cualquiera), porque habitualmente se encontrará con el reproche o la indeferencia, en el mejor de los casos. Sino con el mote de loca/loco, depresivo, y demás delicias injuriantes…

Las legislaciones laborales, no ayudan. Los días de “duelo” que se otorgan legalmente a cualquier trabajador, no superan habitualmente las 72 horas. Si se murió alguien “legal”: un marido, esposa, hijo, hay las 72 hs. Si se murió en cambio:  hermana, suegra, hijo de la pareja, padres de la pareja no casada, concubino, amigo… No hay para eso días de duelo laboralmente.

Y entonces, si en el mejor de los casos, a  las 72 horas Ud no está óptimo, productivo y por caso feliz, alguien le va a sugerir a un psiquiatra por deprimido…Y si tiene suerte, no se salva de una fluoxetina… Y entonces…?

¿Qué lugar queda para su dolor? Su extrañar, su agujero…

Cuando se pierde un ser querido, por más que eso haya ocurrido muchos años atrás, eso duele y mucho. Tanto que las reacciones a ese dolor pueden ser de lo mas variadas, incluso “locas”, esas que nadie entiende… verlo, olerlo, sentirlo… cuando ya no está. Puede tener de golpe e inexplicablemente reacciones de vómitos, de rechazo a la alimentación, trastornos del sueño, del estado de ánimo, sensaciones de angustia, sudoración, temblores desmayos, etc. Varias y desarticuladas.

No poder entender que se fue, apegarse a un objeto, a fotos… incluso alucinarlo hablando “con uno”. El cuerpo también puede ser la sede del dolor de ese duelo: afecciones varias, enfermedades pequeñas o grandes, etc.

 Un duelo es así, con cosas “locas”, que sólo entiende quien lo atraviesa, casi nadie más. Pero lo que pasa es que uno no está loco. Tiene detenido su trabajo de duelo. Y sufre tanto que siente la espina clavada día a día en su cuerpo. O no la siente, pero tampoco siente nada más. Ninguna alegría, ninguna emoción, se siente “nada”. Y nadie entiende por qué está tan apesadumbrado o sin ganas de nada…

Nadie entiende, ni siquiera Ud, por qué lo que antes le hacía bien, ahora no. Lo que antes le divertía ahora ni le interesa… Ese trabajo de duelo no es lindo, ni fácil. Pero peor es no tenerlo. El trabajo de duelo es uno de los puentes dela vida. Yno se puede negociar con los puentes. O uno se queda eternamente a la vera del camino, o se anima a cruzarlos y llegar a la otra orilla. Puede cruzarlos solo, acompañado, rápido, lento, despacio, con interrupciones, de la mano de alguien que lo “banque” en los miedos que allí transcurren.
Un analista se ofrece como acompañante en ese camino, en estos casos. Porque seguro que lo mejor es dejar de sentirse así, pero para eso, hay que poder imaginar que la siguiente escena es mejor que esta.

No es fácil, dejar ir al dolor. A veces es el compañero de tantos años…
Pero eso es algo a construir trazo a trazo. Y trazo a trazo, eso se va pasando hasta advenir a otro sentimiento: el agradecimiento. La alegría del agradecimiento recupera al ser querido “en el corazón”. Aunque no sea un puente fácil. Es posible atravesarlo.
El agradecimiento, permite conservar al ser amado, sin por eso estar detenido (depresión mediante). Porque se lo conserva en otra parte del cuerpo: en el corazón y en los recuerdos, ya no en el padecer cotidiano o a escondidas, perdiéndose todo lo que de la vida tendría para disfrutar

Destacados

Nuestro Hacer

Diana Alvarez

DaL Comunicacion

Migrante de Los tiempos

Municipalidad de San Isidro

Municipalidad de Vicente Lopez

Etc. Magazine Diana Alvarez (Todos los derechos reservados)
Términos y condiciones - Publicidad
Sitio producido por DAL COMUNICACION Rediseno exclusivo de Cubbo