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“Ser madre: estar a la altura de la función”

Fecha de Publicación: 17 - 10 - 2007.

 

 

 

Un enfoque psicoanalítico

¿Tenemos dimensión hombres y mujeres de la complejidad y de lo esencialmente problemático que significa asumir el compromiso de constituirse en madre? 

 

Serias dificultades aparecen al intentar acercar alguna respuesta. Más aún, si tenemos en cuenta lo inabarcable del universo de posibilidades y la vertiginosa propuesta (en su diversidad) de ámbitos-espacios, cada vez más demandantes, que mueven el interés y a la vez exigen la participación y la opinión comprometida de las mujeres en el mundo de hoy.

Nos excederíamos en tiempo y espacio, e incurriríamos en omisión -seguramente injusta- si intentáramos referirnos al alcance de las enormes consecuencias y de la influencia de estos factores en el singular momento de la historia de cada mujer que decide y acepta su maternidad.

¿Qué mujer, en ese instante particular, no se verá afectada por el entrecruzamiento de los ideales predominantes en la subjetividad de la época? Valores e ideales en íntima conexión con la trama inconciente de las configuraciones fantasmáticas de su historia edípica.

Juego e interjuego, crucial incidencia de vectores genéticos, biológicos, socioculturales y psicológicos que harán de la llegada de ese niño un instante único e irrepetible para cada uno de los protagonistas.

Quisiera detenerme aquí para centrarme en lo que a mi entender será la marca, la señalización para cada madre y para cada hijo, y no de una manera natural (natural entendido como meramente biológico), se ha llegado al nudo de mayor complejidad, que será el haber arribado al buen puerto del ingreso de ese niño al universo simbólico. Universo entramado que vehiculizará los deseos (en el mejor de los casos) o no, que precedan el nacimiento de quien se espera se constituya como sujeto.

La manera singular de dirigirse a ese niño, mirarlo, acariciarlo, tomarlo en sus brazos y, fundamentalmente, la manera de hablarle –nombrándolo- conformará el tejido sobre el que se estructurará la nueva subjetividad. Tejido sostenido, a su vez, por la FUNCION PATERNA como portadora de LEY SIMBOLICA, operando eficazmente en la madre para cada niño-hijo en particular. LEY que implicará el acto simbólico para cada madre y cada padre de adoptar a ese niño, sea nacido biológicamente o no (de la pareja que lo adopta, por embarazo o por alguno de los métodos existentes hoy en fertilización asistida). Este inmenso acto filiatorio, y la inmensa tarea para cada mujer con ese hijo en particular, que implica tomar y estar a la altura de ser portadora de función paterna, estructurará de una vez y para siempre la marca, la huella, mas allá de cualquier otra elección, de ser quien sostenga la transmisión generacional de la LEY que regulará los intercambios simbólicos.

Prepararse, reconocerse, aceptarse y sostenerse en este compromiso trasciende fuertemente, en mi opinión, todo y cada uno de los ámbitos de circulación de esta mujer, que ha puesto en juego su deseo de ser madre estando, nuevamente, a la altura de la función de la que es portadora.

Lic. Patricia Lajous
Psicoanalista
Coordinadora Docente y Supervisora del Centro Dos
M.N. 15.840

 

 

 

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