Tango Todo

Silas Correa Leite

Fecha de Publicación: 02 - 03 - 2006.

Silas Corrêa Leite es poeta, docente y periodista. Miembro de UBE (União
Brasileira de Escritores). Desde Itararé, San Pablo – Brasil, envía esta
colaboración para Letras Plus, que le agradecemos y compartimos con nuestros
lectores.

Si alguien quiere contactarse con él, pueden hacerlo en:

poesilas@terra.com.br

Libro virtual en el sitio:
www.hotbook.com.br/int01scl.htm
(Romance Ele Está No Meio de Nós)

Sitio personal:
www.itarare.com.br/silas.htm


La voz de la hija que nunca tuve

Sentí por primera vez aquella especial emoción jamás vivida.
Nunca había sentido aquello. Un simple telefonema. Fue equivocado sí. Pero
la voz dulce y amigable me llamó, en un contacto inusitado, en medio del
aula:

-¡Padre!

Tocado…emocionado…de ese número registrado en la pantalla de mi
celular. Ella insistió, interrogando, como si en realidad hablara con su
propio padre, queriendo controlar sus sentimientos. Jugar a las
escondidillas.

-¿Padre?

Le dije entonces mi nombre completo, mi número sagrado – casi supliqué
por el amor de Dios para que ella continuara en la línea, que ella fuese la
hija que no tenía y tanto deseaba tener…
Deseaba en verdad ser su padre. Fue una de las mayores emociones de mi vida,
a la mitad del aula, en plena clase.
Deseaba, sí,en verdad quería ser el padre de aquella voz del otro lado de
la línea, que quién sabe en que lugar estaría. Mi corazón, creo, en
aquel momento fue dueño de aquella voz. Como si fuese, de alguna manera,
padre de aquella flor sonora.
¿Cómo será tener una hija, contactándote, llamándote necesitada y cariñosamente
padre?
No tuve esa felicidad. Dios no me dio esa suerte, ese destino.
Mi padre murió hace décadas.Y ya no celebro mas el día del Padre. Una
madre, lejana, ancianita y enferma. Hermanos por allí, reuniéndose, lejos
de mí. Mal que bien, me ligan en los documentos oficiales. Sobrinos en las
farras, corriendo, esforzandose, en los estudios, aventuras y romances.
Hermanas que ya no me aman, no tienen tiempo. Tíos muertos. Primos débiles.
Sólamente, aquí y allá, unos y otros alumnos-hijos. A algunos yo adoraría
llamarlos hijos, e hijas. De otros tengo miedo, mucho miedo, por su futuro,
por el trato de la sociedad para con ellos, por el futuro del futuro.

Era un lunes bravo de abril, cerca de Pascua. Yo estaba allí, entusiasmado
y explicando efusivamente el Big-Bang, cuando timbró el celular que, por
error mío, no había apagado al entrar al aula. ¿Mi madre enferma? Mi musa
precisando de un ejército? ¿Mi hijo débil? ¿Una entrevista para algún
periódico? ¿Una solicitud para que colaborar con el site de Rio de Janeiro
ó Portugal? ¿Una cobranza de las Casas Bahia? Tocado por la emoción,
cortesmente, pedí permiso para atender la llamada.

-¡ Padre!

No, no era yo. Infelizmente no era. Podía ser. Debo haberlo sido un día.
La voz sonó como una gota de cristal en mi interior. Yo no estaba preparado
para escuchar la voz de una joven adolescente llamándome padre.Nunca imaginé
vivir para sentir aquel bendito día. Pues era, tal vez fuese, mi regalo de
Dios en aquel momento, un crédito-luz…¿quién puede saberlo?

-No, amor, usted marcó mal. No tengo ninguna hija. Mi número es…Mi
nombre es…

-¿Padre?

Ella pensó que estaba jugando. Tal vez yo quisiese jugar. Creyó que le
estaba mintiendo. Tal vez por yo estuviese de alguna manera cósmica, por
algún motivo. Tal vez ella fuese mi hija, sin saber yo que lo era.
Tal vez nunca haya tenido padre. Tal vez fuese un encuentro propiciado por
ella, como un sueño imposible de, oir por lo menos, una décima de segundo,
la voz de su padre. Un encuentro casual, sideral. Y era yo el escogido, el
sorteado… toda la clase lo percibió, algunas alumnas estaban emocionadas.

-¡Nuestro, tiofesor, como es romántico!.

-Puxa, maestro, sus ojos están llenos de sangre. ¿El señor. va a llorar?

-Copie, Maria Cebola, copie. Largue la mano de imaginar cosa semejante.

(¿Sería yo un buen padre? ¿Sería yo un padre, compañero, amigo?
¿Provería yo derechos, hogar, y corazón a una hija que no existe, y que
tal vez se llamase: Paula, tal vez Clarice Cristina, tal vez Flávia
Carolina, tal vez Claudia Rosangela, tal vez Joana Sueli, tal vez Tássia
Thaís, tal vez Nathália Ely ó Carmem Elis?)

Pero no era mi hija. Nunca lo sería. Nunca tendré una. Mi hijo, se fue de
mí . No se en dónde está, con quién ni por qué. Lo tuve, más no puedo
amarlo en presencia. Tiene nombre de santo, nombre de poeta, nombre de apóstol,
nombre de doctor. Un día, me dicen mis amigos, removiendo las estructuras
mas íntimas de mi ser, tocará firmemente la puerta, en un preludio lejano,
y un mozo alto se presentará, ojos tímidos o recelosos, gestos ensayados
por décadas, manos trémulas por las andanzas y yerros, preguntando
asustado, inédito, comprometido con la emoción:

– Yo soy su hijo Thiago Frederico. ¿Usted es mi padre?

Creo que ese día, sufriré un infarto. Crero que resurgiré un poco de
nuevo. ¿ Quién sabe si llegue ese día?

Pero mientras tanto, viví para sentir aquel momento maravilloso,
emocionante, en el que una voz anónima, en una cabina de teléfono de un
lugar cualquiera del Planeta Água, una voz que me llamaba, aunque fuese
equivocadamente, y en la llamada pedía con amor, con certeza con confianza,
como si buscara una caricia de afecto, una llamada de auxilio, un amparo –
ó para darme un abrazo, un beso, un apretón de manos – y yo, mi Dios,
atendí ruborizado, con el corazón deshecho. Y, lo confienso, no creí
tener ningún derecho cuando ella dijo:

-Padre.

Yo podría haber cortado la llamada,claro. Regañar a la voz por la falta de
educación, por el error, por haber marcado un número equivocado, por estar
gastando la ficha…
Mas adoré aquel momento. Un sentimiento que no puedo describir
completamente. Tal vez el padre de aquella voz ya haya muerto.
Tal vez haya sido mi corazón buscando contactarse conmigo mismo. Tal vez
haya sido la oscuridad de mi alma, depositaria de un filtro de una
nostalgia. No lo se. Más, mientras yo viva, para mucho además de para
siempre, cuando yo sea bien recibido, como el mismo Papá Noel, cuando pase
aquellos últimos momentos, felices ó infelices de mi vida por mi cabeza
con canas, antes del último soplo de vida, en el recuento de los
acontecimientos encantadores que me queden, recordaré aquella voz de la
hija que no tuve, llamándome, maravillosamente: PADRE.

Traducción : Antonio Everardo Glez

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