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Todo habitante tiene que hacerse ciudadano

Fecha de Publicación: 07 - 02 - 2006.

Monseñor Jorge Casaretto, Obispo de San Isidro reflexiona sobre la actual situación del país y su gente.

El 13 de mayo de 1985, aceptada la renuncia de Monseñor Antonio María Aguirre, Jorge Casaretto asumió como Obispo de San Isidro. Fue el más joven de la historia de nuestro país, y si bien pasaron más de veinte años desde aquel momento, su estilo continúa siendo simple y desestructurado. Hoy es además, Presidente de Cáritas Argentina.

-A veces su opinión es un termómetro de lo que pasa en el país. ¿Cómo percibe la Argentina de hoy, luego de la crisis de 2001-2002?

-Generalmente no puede haber una mirada unívoca de una situación que es tan compleja. La crisis fue muy profunda. Creo que fue una crisis de realismo, que hizo despertar a la Argentina de la conciencia irreal sobre lo que pasaba. Los obispos hacía mucho tiempo que veníamos diciendo que la crisis en Argentina, ante todo, era de carácter moral. Lo más importante fue haber encontrado un camino democrático para salir de esa crisis.

-¿Hay vientos de cambio?

-Hay algunos aspectos que son destacables: la conciencia de crisis, se generalizó. La conciencia realista de la situación de la pobreza en la Argentina es también mucho mayor en los argentinos. Todos son muchos más concientes que estamos prácticamente en el 50% de pobreza que es algo que nos toca de cerca a todos. Algunas respuestas de solidaridad, también se acrecentaron. Yo creo que todo eso ha sidosignioficativo. Un signo de vitalidad es el repunte económico que se ha ido dando. El tiempo dirá si es sólido o transitorio, pero de por sí, ha sido importante. También lo fue la sensibilidad para responder con programas sociales, que aunque puedan ser discutidos, son aún necesarios y habrá que perfeccionarlos. Creo que está pendiente todavía encontrar algunas políticas de Estado, es decir, consensos por parte de las fuerzas vivas de la dirigencia que permitan traducir esos consensos en políticas de Estado. Eso me parece que es un tema clave, y todavía, una deuda pendiente.

-¿Cuál es el rol del cristiano en este contexto?

-La fe habla de una relación con Dios, pero ciertamente de una relación con el prójimo. El que se siente amado por Dios, quien experimenta ese amor, necesariamente se siente enviado a volcar ese amor al prójimo en compromisos con la sociedad, que podrán ser de carácter político o solidario. Pero ciertamente todo cristiano tiene que sentir la responsabilidad de traducir en su vida, respuestas, sobre todo ante una situación de tanta pobreza. Diría que hoy todo habitante de la Argentina, tiene que hacer una conversión y hacerse ciudadano de la Argentina. Cuando decimos habitante hablamos de una persona que está simplemente, pero un ciudadano experimenta una responsabilidad respecto de la vida social. Hoy los habitantes se reducen a votar, muchas veces. Debería acrecentarse esa conciencia de que hay que aportar a la sociedad algo más que el voto.

-Se dice que los argentinos somos solidarios, pero ante la urgencia…

-En general, parece ser natural, que ante una catástrofe o una situación de emergencia, la solidaridad se acreciente. Desde Caritas estamos tratando de que aparezca en la conciencia de todos los argentinos esta responsabilidad solidaria permanente. Este es un trabajo que tenemos todos los argentinos. Y los cristianos como tales, tenemos que concienciar más a la sociedad en este sentido.

-La última colecta anual de Cáritas, ¿cumplió las expectativas?

-La expectativa es doble: recaudar muchos fondos y aprovechar la colecta para generar mayor conciencia solidaria. Eso es lo que intentamos. El tema es perseverar. Cada año Cáritas realiza esta colecta, así como campañas de concientización hacia la solidaridad. Estoy convencido de que en la vida, los esfuerzos que dan resultados son los que se hacen perseverantemente, no como impactos pasajeros. Y en eso se está trabajando.

-Si hablamos de la Iglesia, puertas adentro, ¿a qué atribuye el abandono de algunos sacerdotes y religiosas, así como la poca llegada de nuevas vocaciones?

-Lo que la Iglesia está enfrentando hoy en todo el mundo, es una cultura con un signo de relativismo muy fuerte, de pérdida de escala de valores. Eso pone en crisis a toda la sociedad, incluida la Iglesia. Evidentemente ha habido algunas defecciones en los sacerdotes y religiosas, pero también una problemática muy seria en la vida matrimonial y familiar. En este sentido, la crisis es generalizada. Pero esto no nos tiene que asustar. Son momentos históricos. La Iglesia ha pasado muchos. Nosotros lo vemos como un gran desafío. Esto debe llevar a la Iglesia a un reacomodamiento de su estilo de trabajo, su presentación del mensaje. Porque si bien las verdades que predicamos son eternas, deben inculturarse y presentar toda su validez para distintas culturas. Creo que la Iglesia está respondiendo a esto, haciendo una readaptación de su mensaje. Hay valores que ciertamente no van a poder cambiar, como el valor de lo religioso como tal: hacerlo más presente a Dios en la vida de la gente, así como el mensaje de Jesucristo, quien trae un mensaje de felicidad. Porque los valores del Evangelio son los que verdaderamente pueden dar respuesta a la felicidad de la gente. Uno ve que en la cultura actual hay una gran búsqueda de felicidad, pero a veces se canaliza mal, nada más en la búsqueda del placer, hedonística. La Iglesia sabe que Jesús tiene todas las respuestas. El tema es cómo presentamos estas respuestas de modo tal que lleguen al corazón de la gente. En eso está trabajando en estos tiempos.

-En cuanto a la falta de vocaciones, ¿puede que tenga que ver con el no acompañamiento en medio de estos cambios culturales?

-Le diría que no son tantos los que han dejado, porque los porcentajes no llegan al 10%. No es una crisis tan fuerte, si bien es cierto que golpea. Sin dudas esto nos ha llevado a revisar la formación de nuestros sacerdotes, a ver cómo hacemos para mejorar en los seminarios. Nos ha llevado también a tratar de trabajar mucho en la formación permanente, es decir, en el acompañamiento a través de toda la vida sacerdotal, con elementos formativos. Creo sinceramente que el esfuerzo se está haciendo y va a dar sus frutos.

-Por último, hablando de la cuestión cultural, ¿en cuánto contribuyen los medios de comunicación a la formación de la actual escala de valores?

-Es un tema muy interesante. Los valores se manifiestan, sobre todo, en la dimensión educativa. Uno educa en los valores. Pero muchas veces, el esfuerzo que hace la familia y la escuela, se tendría que ver complementado con otros elementos de la sociedad, y no es así. Hoy aparecen con fuerza los medios de comunicación. Sobre todo, la televisión no es una fuente de comunicación de valores. Muchas veces el esfuerzo de los maestros y padres por comunicar a sus hijos algunos valores se ve contrarrestado por otros que muestran los programas de televisión. Por lo general, esta competencia no es sana. Es algo que la sociedad debería revisar si quiere tener más salud. Gracias a Dios, ha habido una reacción de escritores, artistas y gente de la cultura. A veces ha sido sólo la Iglesia la que ha reaccionado y por esto se dice que atenta contra la libertad, y no tiene nada que ver con eso, sino con ver cómo hacer un buen uso de esa libertad con una predicación y formación eficiente de nuestros jóvenes.

Laura Zavoyovski

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