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Una piedra muy grande

Fecha de Publicación: 13 - 02 - 2006.

Por Gustavo Roldán (*)
de “SAPO EN BUENOS AIRES”

Esa tarde la lluvia caía y caía y un olor a tierra mojada llenaba el monte.


¡Eh, don Sapo! -gritó el piojo desde debajo de la panza del ñandú.
-¡Aquí no nos moja la lluvia, que oportunidad para que nos cuente un
cuento!
– ¡Un cuento de Buenos Aires, don Sapo, cuéntenos más de Buenos Aires!-
Pidió la garza blanca.

Eso, don Sapo – dijo el quirquincho-.¿Qué les gusta a aquellos que
viven allá? ¿Tiene buena tierra? ¿Les gusta el olor de la tierra mojada?
– Son raros, no tienen tierra a mano, los pobres.
– ¿Cómo?
– ¿Qué no tienen tierra?
– ¡No puede ser, don Sapo!
– No nos haga bromas, don Sapo ¡Cómo no van a tener tierra!
– Ya les explico. Tienen que pensar que allá las cosas son diferentes.
– Sí, pero no puedo creer que no tengan tierra
– Y sin embargo es así. Todo es como una piedra muy grande y chata.
– ¿Una piedra muy grande?
– Sí. Tapa todo el suelo
– ¿Tienen el suelo forrado?

Sí, pero en fondo se ve que la tierra les gusta, porque vuelta a vuelta
la rompen y hacen grandes pozos y ahí, debajo de la piedra, tienen
tierra
– ¿Y qué hacen con esa tierra?
– La sacan afuera, la tienen algunos días amontonada y después la
vuelven a meter al pozo y la vuelven a tapar con la piedra
– ¿y siempre hacen eso?
– Todos los días. Cuando tapan un pozo se van un poco más allá y cavan
otro diferente
-¿Y después lo tapan otra vez?
– Claro, pero otro poco más allá vuelven a cavar otro.
– ¿Y así toda la vida?
– Parece.
-¡Pero no tiene sentido, don Sapo!

Mire m`hijo, no se apure a juzgar. Se ve que a ellos les gusta hacerlo,
lo que yo les aseguro es que cavan y cavan y rompen las piedras todo el
día.

Bueno, don Sapo pero lo que no entiendo es porque no dejan toda esa
tierra afuera del pozo y listo. La tiene a mano para toda la vida.
– Es que allá tienen muchas leyes y parece que la ley dice que tiene
que ser así.
– Bueno, unos cavan y cavan y ¿qué hacen los otros?
– Se paran y miran dentro del pozo. Se paran y miran. Por eso digo que
les gusta la tierra.
-¡Pobres! ¡Qué mala suerte tener esa piedra arriba! ¡El trabajo qué les
cuesta!
– Y bueno, amigo piojo, son cosas de la vida. No a todos nos toca la
suerte de vivir en el monte.

(*)Escritor y docente, nacido en Entre Ríos, Rca. Argentina. Contemporáneo

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