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Vayamos a la vida

Fecha de Publicación: 08 - 12 - 2005.

La esencia del amor es única, sus manifestaciones pueden ser múltiples y sus intensidades diferentes. Lo mismo podemos decir del horror. La conmoción por lo sucedido el 11 de septiembre invadió el planeta y lo llenó con horror y espanto de la mayor intensidad, por supuesto también de temor.

Las imágenes hablaron por sí solas y el mundo comenzó a cuestionarse el valor de la globalización y a pensar que tal vez hubiéramos tenido que optar, a tiempo, por una red de verdadera unión mundial, interpretando la universalidad y no haber creado, con absurdo empecinamiento murallas y fronteras cimentadas en el odio y la soberbia.

Existen aquellos para quienes Oriente estaba a una distancia muy lejana, hoy la muerte de Oriente es también la de Occidente.

Quiera Dios que las personas inmoladas hayan culminado con esa entrega su evolución y, para lo creyentes, retornado en Luz a la casa del Padre.

Pero creyentes o no, nadie puede negar su condición de humano y esa condición ha sido no preservada ni respetada, peor aún: fue ignorada. ¿Podremos permanecer aceptando esto con la postura de altivez, venganza o indiferencia que evidentemente nos denigró a todos?

El presidente Bush habló de un ataque a su país, dijo textualmente: "la resolución de nuestro país está siendo puesta a prueba".

Parece haber un terrible error de conceptos, yo creo que la resolución de la raza humana es la que está a prueba, y no es al mundo al que hay que demostrar nada, es a cada uno de nosotros, mejor dicho somos cada uno, desde el más poderoso al más simple, los que debemos cuestionarnos nuestro accionar.

Nos pierde la soberbia, el egoísmo, la indiferencia para con los demás y la estúpida postura de creernos poderosos. Si, en nuestra familia, en nuestro trabajo, con los amigos, actuamos como si fuéramos eternos e invencibles tal como lo hacen los pseupoderosos que integran los gobiernos de la tierra.

Cayeron las dos torres que simbolizaban el poderío económico mundial ¿No es eso un emblema significativo? Estamos azorados, indignados, temerosos, pero estamos y ¿los que entregaron sus vidas, y sus familias ahora??

El terrorismo una vez más sin patria y sin alma se enseñoreó en el mundo y mató a nuestros hermanos. Sí, no importan banderas ni credos religiosos o políticos, cada vez que en alguna parte del mundo muere por hambre, por injusticia o por violencia un ser humano, es un hermano de la vida que perdemos vergonzosamente.

Entonces nosotros los pequeños y anónimos seres ¿qué podemos hacer? Buscar arduamente el camino del amor y transitarlo con sinceridad empeñados en cumplir con la dignidad debida en cada día, porque solo el amor lleva a la comprensión, la comprensión al perdón, y el perdón hacia el camino de la paz.

Es evidente que la forma en que se vive, el modo en que se actúa no ha servido de mucho.

Cambiemos a tiempo, uno a uno, y elijamos conquistar la vida encontrando el coraje para construir un mañana en donde la unión ya no sea una utopía y en el que la fuerza del espíritu sea el timón en las acciones de la humanidad.

Ya dejemos de esperar, de imaginar, de cargar al otro con las debilidades y los errores que nos pertenecen. Oremos y/o meditemos por la paz en nuestro Planeta Tierra.

Atrevámonos a encontrar una sonrisa y entregándola con amor y valentía vayamos a la Vida.

Diana Alvarez

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