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Victoria Ocampo

Fecha de Publicación: 02 - 03 - 2006.


Victoria Ocampo nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1890 falleció en San
Isidro el 27 de enero de 1979.

Siendo niña sintió la vocación de escritora. Ella misma lo señala:
“desde los nueve años, escribir me pareció, cuando escribía por mi
cuenta, una diversión y un desahogo”.

Su primera publicación se titula “Babel”, un comentario del Canto
XV del Purgatorio de Dante, aparecido en el diario La Nación en mayo de 1920.
Además de numerosos artículos, conferencias y traducciones, publicó obras
tales como “De Francesca a Beatrice” (1924), “La laguna de los
nenúfares” (1926), “Domingos en Hyde Park” (1936), “Emily
Brontë (Terra incognita)” (1938), “San Isidro” (1941),
“338171 T.E.” (Lawrence de Arabia) (1942), “El viajero y una de
sus sombras: Keyserling en mis memorias” (1951), “Lawrence de Arabia
y otros ensayos” (1951), “Virginia Woolf en su diario” (1954),
“Habla el algarrobo” (1959), “Tagore en las barrancas de San
Isidro” (1961), “Juan Sebastián Bach, el hombre” (1964),
“Diálogo con Borges” (1969), “Diálogo con Mallea”
(1969). Pero sus obras más importantes fueron la serie de
“Testimonios”, diez volúmenes en total, publicados entre 1935 y
1977, y su Autobiografía, en seis volúmenes, que fueron editados luego de su
fallecimiento, entre 1979 y 1984.

Victoria Ocampo fue fundadora y directora de una de las más importantes
revistas literarias en español, “Sur”, que se inició en enero de
1931 y a la que imprimió el sello de su personalidad durante el resto de su
vida. A través de su revista, hábil descubridora de talentos, dio a conocer
en nuestro continente a numerosos escritores y hombres de la cultura del viejo
mundo, y viceversa. La mayoría de ellos alcanzó la fama. Muchos recibieron
el premio Nobel. Dentro de la misma línea, Victoria Ocampo también creó y
condujo desde 1933 la Editorial Sur.

Viajera incansable, durante toda su vida, visitó varios países de América
Latina y se trasladó muchas veces a Europa y a Estados Unidos, donde conoció
a numerosas personalidades del mundo intelectual, artístico y científico,
con la mayoría de las cuales estableció largas relaciones de amistad, a las
que debemos además agregar las que mantuvo con innumerables argentinos
ilustres.

Villa Ocampo
Guia para visitantes
Beccar
Unesco – Fundacion Sur

1993


Fragmento de una carta enviada por Victoria Ocampo a Virginia Wolf,
testimoniando su solidaridad con el sexo femenino

Defendiendo su causa, es la mía la que defiendo. Si sólo la perfección
conmueve, Virginia, no cabe duda que estoy perdida de antemano.

Dice usted que Jane Austen hizo un milagro en 1800: el escribir, a pesar de
su sexo, sin amargura, sin odio; sin protestar contra… sin predicar en
pro… Y así (en este estado de alma) es como escribió Shakespeare, añadía
usted.

Pero ¿no le parece a usted que, aparte de los problemas que las mujeres que
escriben tenían y tienen aún que resolver, se trata también de
diferencias de carácter? ¿Cree usted, por ejemplo, que la Divina Comedia
haya sido escrita sin vestigios de rencor?

En todo caso, estoy tan convencida como usted de que una mujer no logra
escribir realmente como esa mujer sino a partir del momento en que esa
preocupación la abandona, a partir del momento en que sus obras, dejando de
ser una respuesta disfrazada a ataques, disfrazados o no, tienden sólo a
traducir su pensamiento, sus sentimientos, su visión.

Acontece con esto como con la diferencia que se observa en Argentina entre
los hijos de emigrantes y los de familias afincadas en el país desde hace
varias generaciones. Los primeros tienen una susceptibilidad exagerada con
respecto a no sé qué falso orgullo nacional. Los segundos son americanos
desde hace tanto tiempo, que se olvidan de aparentarlo.

Pues bien, Virginia, debo confesar que no me siento aún totalmente liberada
del equivalente de esa susceptibilidad, de ese falso orgullo nacional, en lo
que atañe a mi sexo. ¡Quién sabe si padezco reflejos de parvenue! En todo
caso, no cabe duda que soy un tanto quisquillosa a ese respecto. En cuanto
la ocasión se presenta (y si no se presenta, la busco), ya estoy declarándome
solidaria del sexo femenino. La actitud de algunas mujeres singulares, como
Anna de Noailles, que se pasan al campo de los hombres aceptando que éstos
las traten de excepciones y les concedan una situación privilegiada,
siempre me ha repugnado. Esta actitud, tan elegante y tan cómoda, me es
intolerable. y también a usted, Virginia.

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